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Viernes, 16 de julio de 2010
José María Suárez Gallego
Publicado en diario
el domingo 18 de julio de 2010

Se ha dicho que en cualquier ámbito de la vida lo más fácil para ganar es jugar bien, residiendo la verdadera dificultad no tanto en jugar como en defenderse de las patadas en la entrepierna que propinan los que intentan ganar jugando mal.
La Selección Española de Fútbol ha sido últimamente el paradigma de algo poco usual en los estamentos públicos y privados: Para hacer un equipo eficaz y de ganadores hay que contar con los mejores, como ya advertía Cervantes en el Quijote: “Júntate a los buenos y serás uno de ellos”. Pero la realidad nos hace constatar que lo usual es que los equipos y sus jerarquías, en cualquier actividad, se formen y se construyan siguiendo la pauta de la “pirámide sin sombras”. Esto es, cada nivel que sostiene la estructura piramidal se sustenta en uno inferior más mediocre y más ineficaz, pero con menores posibilidades de brillar con luz propia ensombreciendo al superior. Esto lleva consigo que quien asciende a alguien al grado de su mayor incompetencia es porque ya él mismo lo alcanzó previamente, y se ve obligado a sobrevivir sobre un lecho de incompetencia múltiple, lo que no deja de tener sus riesgos pues a los incompetentes, como a las armas de fuego, los carga el diablo, y cualquier momento es bueno para que se disparen de forma estrepitosa e inoportuna.
La percepción que suele tenerse de este fenómeno es que cuando un cargo es ostentado por un tonto, de incompetencia suficientemente acreditada, se entiende, es que el cargo está vacante, y por tanto una legión de incompetentes pululan y aspiran a él. Ya Ortega y Gasset se lamentaba de esto cuando ponía de manifiesto que en política se solía prescindir de los mejores. Y no sólo en política, sino en cualquier actividad humana en la que se encumbre a un mediocre que no proyecte sombra sobre quien lo promociona, personaje este último que es quien sin marcar goles ni detener penaltis siempre es quien se arroga el mérito de haber ganado. Lo de “la Roja”, por lo visto, es la excepción que confirma la regla.
Por: ©José María Suárez Gallego | Artículos de prensa | Comentarios (0) | Referencias (0)