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Sábado, 22 de mayo de 2010
José María Suárez Gallego
Publicado en diario
el domingo 23 de mayo de 2010.

A la vista de lo que estamos viviendo y padeciendo estos últimos tiempos, eso que llamamos “la crisis”, uno llega a la conclusión de que la democracia, como la vivimos nosotros, es una falacia. El mundo está gobernado por las finanzas y no elegimos en las urnas a los financieros.
Nosotros el pueblo –que así, precisamente, da comienzo el preámbulo de la constitución del país de Obama-- pasamos sólo cada cuatro años por los colegios electorales, mientras que ellos los financieros nos “pasan por la piedra” cada instante de nuestras vidas. Nos venden y nos administran desde lo más real de ella, hasta la vida virtual que nos montamos para huir de la puta realidad. Nos venden y nos cobran desde la vivienda que nos cobija, hasta la pasión por el futbol, o el morbo del chinchorreo rosa vómito de la telebasura. Los financieros afianzan su poder económico con el pan y circo de una sociedad esquilmada esperando obtener así el beneplácito popular en las urnas, mientras que los políticos consienten y defienden la democracia virtual para obtener los favores de los financieros y de este modo no perder –o volver a ganar-- las elecciones, y la poltrona.
Es una vergüenza que los contables dirijan el mundo, pero aún así habrá que seguir mimando la Democracia. Su alternativa autocrática, amén de impresentable, es execrable y harto peligrosa. Winston Churchil, quien en tiempos muy difíciles le dijo a los británicos: «No tengo nada más que ofrecer que sangre, esfuerzo, lágrimas y sudor», lo dejó bien claro: «Cuando llamen a la puerta a las seis de la mañana, hemos de seguir teniendo el pleno convencimiento de que sólo puede tratarse del lechero».
Harina de otro costal será el que la central lechera sea de una multinacional, y el que la ubre de la vaca que tal leche dio se encuentre hipotecada hasta los cuernos. Siempre consuela pensar que la Utopía no ha muerto y que la leche agria, pese a todo, puede comercializarse como yogurt e idealizarse en el tradicional y exquisito requesón.
Por: ©José María Suárez Gallego | Artículos de prensa | Comentarios (0) | Referencias (0)