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Sábado, 16 de enero de 2010
José María Suárez Gallego
Publicado en diario
el domingo 17 de enero de 2010.

“De los fumadores podemos aprender la tolerancia. Todavía no conozco uno solo que se haya quejado de los no fumadores.” Alessandro Pertini (1896-1990) Político italiano.
Según datos aportados por la Encuesta Europea de Salud 2009, desde que en el año 2006 entrara en vigor la Ley Antitabaco (que prohibía fumar en los lugares de trabajo pero no así en los de ocio), la proporción de fumadores mayores de 16 años ha aumentado casi un 7%. En la actualidad los que fuman son el 26’16% de la población frente al 73’84% que no lo hacemos. Es decir, redondeando para no ahogarnos en números: de cada cuatro españoles sólo uno fuma y los otros tres nos exponemos a los peligros de ser fumadores pasivos.
Un estudio de prospectiva sociológica llega a la conclusión de que los que vivan en el comienzo del próximo siglo, el XXII, se llevarán las manos a la cabeza cuando se enteren que en esta época hacíamos –hacemos--, entre otras muchas, dos “barbaridades” cotidianas: Una, que conducimos en ambos sentidos por una misma carretera; y la otra, que voluntariamente nos metemos humo en los pulmones y lo justificamos diciendo que nos da placer hacerlo.
También nosotros, si miramos atrás, podemos comprobar cómo no hace tanto se exhibían en muchos lugares públicos aquellos vergonzantes carteles de “prohibido escupir en el suelo”, y en los retretes públicos más sofisticados en vez de rollos de celulosa higiénica de cuatro capas había papeles de periódico primorosamente cortados en cuadrados de un uso y enganchados en una alcayata.
El gran error de la ley del 2006 fue no seguir desde el principio el ejemplo de otros países europeos como Inglaterra, Irlanda, Italia, Francia o Suecia, en los que sus ciudadanos sólo pueden ejercer el placer de fumar en sus casas o en la calle. Cuatro años después de su aplicación nos encontramos con que el número de fumadores ha aumentado, los hosteleros están cabreados en época de crisis, y se ha inventado el “cigarrón”: Esto es, que la gente se tenga que reunir a fumar en las puertas de los bares, pubs y discotecas mientras protesta de lo intolerantes, malvados, antidemocráticos y quejicas que somos los fumadores pasivos.
Por: ©José María Suárez Gallego | Artículos de prensa | Comentarios (0) | Referencias (0)